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Trastornos alimentarios: Consejos para llevar una alimentacion sana



En estos días hemos estado hablando sobre los diferentes trastornos alimentarios y porque estos son cada vez más frecuentes en nuestra sociedad. Es necesario que aprendamos a tener una relación saludable con la comida y aprender a llevarnos bien con nuestro cuerpo.  Y que mejor testimonio que un mensaje proveniente de una persona que ha sufrido un trastorno alimentario y hoy desea compartir lo que ha aprendido con otras chicas que pueden estar en esta misma situación.

Me llamo Mariela. Tengo 24 años y hace diez comencé con un trastorno que se convirtió en bulimia. Hace siete años, atravesaba un momento en que sólo quería morir, literalmente. Hoy creo que la vida es el valor más preciado que tenemos. Hoy entiendo que la relación de toda mujer con su cuerpo conlleva obstáculos, pero eso no nos quita la posibilidad de disfrutar y aprender día a día a aceptarnos y a cuidarnos. Desde mi experiencia, quiero compartir algunos tips que les impidan caer en los errores más comunes, si llegan a sentirse mal con sus cuerpos.

Olvidarse de las dietas mágicas. La dieta de la luna, de la manzana, de la sopa... Sobreexigen al cuerpo y a la mente de una manera que luego producen el maldito efecto rebote que tanto angustia. Hay que hacer una dieta variada, y lo ideal es que esté supervisada por una nutricionista. para que pueda adaptarla a tus gustos y rutinas. La calidad de los alimentos y el modo de cocción es fundamental para no sumar calorías.

Muchos líquidos. Sopas, jugos y gaseosas light o infusiones con edulcorante son ideales para entretener al estómago cuando nos hace ruido a deshora.

Date tiempo para comer. Masticó despacio cada bocado. Suele pasarnos que el plato queda vacío antes de que caigamos en la cuenta de que estamos comiendo. Es un ejercicio diario aprender a disfrutar de los alimentos y, cuando lo logramos, la saciedad llega mucho antes.
   
¡A moverse! El ejercicio es muy saludable. Bailar. nadar. caminar. correr o trotar, ir al gimnasio, hacer yoga, pilates, tai-chi, andar en bicicleta... Hoy no hay  excusa para no moverse dos o tres veces a la semana. Más allá de ayudar a la pérdida de peso, el ejercicio nos despeja la mente, nos conecta con el cuerpo, nos levanta el ánimo y, además, nos tonifica.

Para intentar escaparle al atracón cuando amenaza: Si es de día, sal a caminar sin un peso en el bolsillo. Resérvate ese momento para pensar por qué, realmente, estás tan ansioso, y para concientizarte de que la comida no es la solución a nuestros problemas. Si no puedes salir o ya es de noche: a la ducha. El agua libera y relaja.

Y, por sobre todo, ¡sal de la cocina! Lo bueno de la vida no está ahí adentro. Sabe que se puede estar bien, y que siempre hay algo más por hacer para cuidarse, mimarse y vivir con plenitud.