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combatir obesidad



La enfermedad cardiovascular es una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Es por ello que la prevención a nivel cardiovascular es primordial, a pesar de no tener síntoma alguno.

Los riesgos clásicos que pueden modificarse, como el tabaquismo, la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto, el sobrepeso, sedentarismo, etc. Y los no modificables son aquellos que son hereditarios, edad, sexo, etc. La prevención cardiovascular busca disminuir la morbimortalidad de las personas que suponen un alto riesgo absoluto y ayudar a los que presentan un riesgo bajo a mantenerlo así toda la vida.

El tabaco, unos de los factores más negativos para la salud. Dejar la nicotina ha sido demostrado que representa una mejora importante en la calidad de vida de la persona y de su entorno. También sabemos que puede resultar un proceso difícil, pero es importante quitarse el vicio para llevar una vida más saludable. Los fumadores presentan una dependencia psicológica con los cigarrillos, es por eso que hay una relación entre el tabaco y el estado de ánimo, siendo más frecuentes los síntomas depresivos, comenta el Dr. Mauricio Sáez, cardiólogo.

Otro de los factores antes comentados es al hipertensión arterial. Ésta acelera el proceso de ateroesclerosis, favoreciendo de esta manera la repercución en los órganos blandos, como el corazón, el cerebro, el riñón, etc. cambiando la dieta y el estilo de vida esto puede cambiar, junto con la medicación adecuada.

La obesidad es otro de los temas cruciales a la hora de la prevención, que puede solucionarse con una dieta hipocalórica, equilibrada y realizar ejercicio físico para mantenerse saludables. Generalmente la obesidad viene de la mano con el sedentarismo, que si lo sumamos, el resultado no puede ser bueno. Haciendo ejercicios solucionaremos dos factores importantes de riesgo cardiovascular.

La diabetes aumenta el riesgo cardiovascular, dos o cuatro veces, comparado con alguien que no la tiene. Un control de glicemia y una dieta hipocalórica ayudará a mantener los valores adecuados. Y lo mismo sucede con el colesterol. Es importante mantener una dieta adecuada, libre de grasas, equilibrada, saludable, evitar las bebidas alcoholicas en exceso, el azúcar y hacer ejercicio a diario. Esto nos mantendrá saludable y alejados de los riesgos cardiovasculares.

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La espirulina es un alga microscópica que apareció en la Tierra hace más de tres mil quinientos millones de años. Contiene un 70% de proteína y todos los aminoácidos esenciales en perfecto balance. También es rica en potasio, calcio, zinc, magnesio, manganeso, selenio, hierro y fósforo. Pero eso no es todo: entre las vitaminas, es rica en piridoxina (B6), Biotina, Ácido Pantoténico, Ácido Fólico, lnositol, Niacina, Riboflavina (B2), Tiamina (B1) y Tocoferol (Vitamina E).

Además es una de las pocas plantas que son fuentes de vitamina B 12, usualmente encontrada solo en tejido animal. También contiene azúcares complejos naturales, carotenoides y enzimas. La espirulina tiene un 7% de grasas en forma de ácidos grasos esenciales que forman parte de la membrana celular de las células de nuestro organismo. Entre otros muchos beneficios, estos ácidos grasos ayudan en el control de los niveles elevados de colesterol.

Para combatir la obesidad

Aunque es ideal para alimentar a personas con deficiencias nutricionales, la espirulina también puede hacer el trabajo contrario. En los últimos tiempos, científicos de Estados Unidos estudiaron su uso en la pérdida de peso y encontraron que se trata de un verdadero aliado a la hora de reducir el apetito. Según las investigaciones, la espirulina contiene un alto contenido de proteína, junto con polisacáridos que elevan los niveles de azúcar en sangre.

Como el hambre se registra en el cerebro cuando los niveles de azúcar y aminoácidos están bajos, mantener estos nutrientes elevados en la sangre implica engañar al cerebro para que la sensación de saciedad no desaparezca. Así, disminuye el apetito y ayuda a combatir el exceso de peso.

De acuerdo al Dr. Richard Passwater, catedrático estadounidense, la espirulina parece influenciar directamente los niveles de neurotransmisores en el cerebro, particularmente aquellos que controlan los cambios de carácter y el apetito. Específicamente, es la alta concentración del aminoácido fenilalanina lo que parece cambiar la química del cerebro, en favor de la persona que está haciendo dieta.

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