bulimia

Los trastornos alimentarios siempre han existido, pero actualmente han tomado mayor protagonismo, pues en la ultima década el número de afectados ha aumentado notablemente. Estos trastornos, como la anorexia y la bulimia, afectan tanto el bienestar físico como psíquico de la persona que las padece, por lo que son un fenómeno que ya se ha integrado en los planes de salud pública y se han puesto en marcha programas preventivos.
Por lo general, son chicas entre 13 y 18 años el grupo más mayoritario entre sufre trastornos alimentarios. Aunque también se dan en chicos y en otras edades fuera de la adolescencia. el grupo más vulnerable de todos. Las personas que las sufren tiene en común una preocupación excesiva por la comida, el peso y su figura, percibiendo una imagen distorsionada de su propio cuerpo.
¿Qué es especificamente el trastorno alimentario llamado bulimia?
En el caso de la bulimia se dan episodios recurrentes de ingesta voraz, es decir, de consumo rápido de gran cantidad de comida, precipitadamente y en poco tiempo, con el consiguiente sentimiento de culpa y falta de control. Como resultado, las personas afectadas se provocan el vómito.
A menudo se usan laxantes, diuréticos u otros fármacos y se practican dietas muy estrictas que incluso llegan alternar con períodos de ayuno. También se puede apreciar la práctica de ejercicio de forma exagerada para seguir perdiendo peso y una preocupación persistente por la silueta y el peso.

Los cambios de humor sin motivo aparente, el rechazo a los platos que antes les gustaban mucho alegando que no tienen hambre, el miedo a engordar, levantarse a menudo de la mesa para ir al baño, encontrar restos de comida en el bolso o en los bolsillos, etc., son algunas conductas y actitudes que no se deben pasar por alto para detectar un posible comienzo de anorexia o bulimia.
Si se precisa intercambiar información, existen asociaciones de TCA en diferentes páginas web que pueden ayudar a descubrir si realmente existen motivos de preocupación en personas próximas a nuestro entorno. Estas modificaciones en la conducta alimentaria aparecen frecuentemente en la adolescencia, y se inician con una adicción a las dietas o por influencias sociales con relación a la imagen.
Generalmente, la tendencia es convertirse en una enfermedad crónica o de curso prolongado. Y, en ciertos casos, las personas afectadas precisan la hospitalización o atención en un centro de día dedicado exclusivamente a la observación diaria de su comportamiento, preferentemente frente a las comidas. Es por eso que la detección precoz y la intervención conjunta de un equipo multidisciplinario pueden reducir el pronóstico de gravedad y las consecuencias posteriores.

Desafortunadamente los trastornos alimenticios son cada vez más frecuentes en nuestra sociedad. Los excesos nunca nos llevan por buen camino, y esta idea también alcanza la comida. Vivimos rodeados de alimentos y expuestos a los bombardeos habituales en nuestra sociedad: la publicidad, los supercombos, los menúes, las tentaciones, las comidas hipercalóricas...Todo nos invita a comer. A la vez, estamos invadidos por el "no se puede" por las privaciones de los ayunos desmedidos, las dietas, las propuestas light, los modelos de hiperdelgadez, los libros, los cosméticos y los miles de tratamientos para estar cada día más delgados. Pero ¿de qué manera estamos eligiendo alcanzar un cuerpo y una menta sanos y equilibrados? En nuestra conducta está la clave. Seguimos viendo como se pueden tratar estos desórdenes alimentarios. Cómo revertir los desórdenes alimentarios Dada la complejidad del problema, el tratamiento debe ser mutidisciplinario: seguimiento médico para la dieta, apoyo psicológico, actividad física y acompañamiento familiar. Es importante trabajar en las aspiraciones personales del paciente, para poder definir y visualizar quien quiere ser física y emocionalmente, así como su estado de salud y el tipo de vida que quiere llevar. Podemos aprender a tomar en serio nuestra necesidad de comer, porque las necesidades, ya sean físicas o emocionales, valen la pena, son importantes y tienen sentido. Es la negociación de las necesidades de nuestra propia humanidad, o la aversión a ellas, lo que conduce a la autodestrucción, a la dependencia y, en definitiva, al trastorno alimentario. Estas enfermedades están expresando que algo nos pasa, y que proviene de antes. Por eso, a la hora de encarar un tratamiento, las actitudes que suman son de toda la familia, de todo el entorno. Cuando más amor te den, más te apoyen, más te contengan, mejor vas a superarlo. Disfruta cada instante Un vida saludable se vincula a la comunicación, a colmarla ya de comida innecesaria, sino de proyectos y experiencias positivas. La manera en la que comemos no es más que un reflejo de cómo vivimos. Quienes somos se revela en todo lo que hacemos. Nadie es perfecto, pero podemos vivir y disfrutar en el empeño: vivir bien, alimentarnos con atención, con la conciencia de que lo que comemos formará parte de nosotros, así como nuestras experiencias pasan a formar parte de nuestra vida.

Desafortunadamente los trastornos alimenticios son cada vez más frecuentes en nuestra sociedad. Los excesos nunca nos llevan por buen camino, y esta idea también alcanza la comida. Vivimos rodeados de alimentos y expuestos a los bombardeos habituales en nuestra sociedad: la publicidad, los supercombos, los menúes, las tentaciones, las comidas hipercalóricas...Todo nos invita a comer.
A la vez, estamos invadidos por el "no se puede" por las privaciones de los ayunos desmedidos, las dietas, las propuestas light, los modelos de hiperdelgadez, los libros, los cosméticos y los miles de tratamientos para estar cada día más delgados. Pero ¿de qué manera estamos eligiendo alcanzar un cuerpo y una menta sanos y equilibrados? En nuestra conducta está la clave.
La trampa del espejo
Hay veces en que cuidarnos con los alimentos se nos va de las manos: o dejamos de comer lo que nuestro cuerpo necesita, o comemos de más, o a veces, incluso, caemos en conductas muy daniñas para alcanzar objetivos irreales. Los trastornos alimentarios son enfermedades complejas que requieren un análisis tanto físico como psicológico de quien los padece. Para la nutricionista Cecilia Ponce, "el éxito de su recuperaicón está en el tratamiento holístico, y en el apoyo de la familia y la sociedad".
Los pacientes con trastornos alimentarios no sólo le tienen miedo a la comida, tiendes a ser perfeccionistas, a sentirse menospreciados, abandonados y solos. Suelen formar parte de familias sobreprotectoras y muy estructuradas, a la vez que poco afectivas para resolver los problemas emergentes. Además están disgustados por su imagen corporal y tienen baja autoestima.
Uno de los factores que influyen en el desarrollo de estos síntomas es la falta de comunicación: "El trastorno alimentario no está separado de una cultura llena de violencia, de drogas, alcohol....una cultura donde en todo se pone el cuerpo, se utiliza el cuerpo en lugar de la palabra. Si habláramos más, si pudiéramos expresar más nuestros sentimientos, correríamos ese eje no todo estaría puesto en el cuerpo."
En el intento por mantener el peso, muchas veces se ponen en práctica métodos poco saludables. Los más comunes son el ayuno desmedido, la inanición, comer compulsivamente y el uso indiscriminado de laxantes, de medicamentos para bajar de peso, de diuréticos o, incluso el exceso de ejercicio. Un miedo irracional a engordar y un deseo obsesivo de adelgazar son los primeros indicios de que existe una enfermedad.