alimentacion niños

El Síndrome de especialización en la comida suele llamar la atención principalmente en los más pequeños, en aquellos que solo comen algunos alimentos, muy pocos, que son elegidos de forma caprichosa. Por ejemplo, galletitas de chocolate y fideos, una marca determinada de papas fritas y postre de vainilla.
Este tipo de elección no necesariamente lleve a que los niños estén por debajo de su peso o que no engorden, pero si se caracteriza porque solo consumen 4 o 5 tipos de alimentos o de marcas específicas. Esta elección no responde a ningún orden específico, simplemente a un capricho del niño.
Pero este síndrome no solo se ve reflejado en la comida y en la forma de su alimentación, sino también en su conducta. Estos niños sólo se relacionan con un par de personas de su entorno más íntimo, lo que deja en evidencia su dificultad para adaptarse a las cosas nuevas.
Por ejemplo, un niño que selecciona la comida también suele dar preferencia a un par de relaciones con las cuales es muy simbiótico. Este niño estará frenado en su crecimiento, ya que no recibe una alimentación correcta para crecer y también esta conducta anticipa problemas de comunicación e integración a la sociedad. Ya que de la misma forma que deberían integrar alimentos deberían integrar otras relaciones.
En muchos casos los padres se sienten orgullosos de “conocer” a su hijo y saber que comen exactamente, de que marca, etc. Pero no se trata de aceptar que sólo consuman poca variedad de alimentos y seleccionados de esa forma, la idea principal es que integren todo tipo de alimentos, que se adapten a la sociedad, acostumbrarlos a comer de todo.
El tratamiento principal para estos niños es en la casa y son los padres los que tienen que ayudarlos. Incentivarlos, acompañarlos y ser concientes de las dificultades.
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Una de las mejores inversiones para el futuro de los hijos consiste en inculcarles buenos hábitos en la mesa y decidir qué, dónde y cuándo deben comer los niños. A continuación veremos cómo enseñarles a los niños a comer bien:
• Son los niños quienes deben decidir cuánto comen. No hay que forzarlos a comer más cuando dicen estar satisfechos. Si lo hacemos contribuiremos a distorsionar su registro de saciedad.
• Servir porciones moderadas.
• Sentarse a comer debe representar un momento de encuentro. Evitar distracciones como la televisión favorece que los niños no coman de más ni de menos.
• No usar la comida como premio o castigo. Si no come la comida, no hay postre"o"si te portas bien, te compro un helado son recursos útiles a corto plazo, pero que no colaboran con la instalación de una alimentación sana.
• Educar con el ejemplo. Si los padres no comen pescado, tampoco lo comerán sus hijos; si en casa no se come ensalada, los chicos no la verán como un alimento corriente.
Fuente: Revista Buenas Ideas.

La miel es un alimento natural azucarado, de hecho es el alimento natural más energético que existe. En su composición existen numerosos tipos de azucares siendo el principal la glucosa. Además existen distintos ácidos y enzimas. El problema es que la miel se considera un alimento desequilibrado ya que presenta un 0% de proteína y un 0% de grasas.
Además, la miel, al igual que otros endulzantes, puede ser extremadamente peligrosa para los bebés. Esto se debe a que al mezclarse con los jugos digestivos del niño, todavía no lo suficientemente ácidos, se crea un ambiente ideal para el desarrollo de las esporas.
Las esporas del botulismo son de las pocas bacterias que sobreviven en la miel, aunque también están ampliamente presentes en el medio ambiente. Aunque dichas esporas son inofensivas para los adultos, debido a la acidez estomacal, el sistema digestivo de los niños pequeños no puede destruirlas, por lo que pueden destruirlas, por lo que pueden causar bolutismo infantil. Por esta razón se aconseja no alimentar cno miel, ni ningún otro endulzante, a niños menores de 18 meses.

Una nueva versión del tradicional "PacMan" en la que el objetivo no es comer bolitas sino alimentos saludables, podría ayudar a los niños a llevar una alimentación más sana y variada y unirse a la lucha contra la obesidad infantil.
A esta conclusión llegó un equipo de investigadores de la Universidad de Georgetown, EE.UU., basándose en un experimento realizado en 30 niños de 9 y 10 años de edad. Divididos en grupos, algunos niños jugaron una versión del TacMan" en la que eran recompensados por comer bananas, naranjas y otros alimentos sanos en vez de bolitas. Otros, en cambio, jugaron otra versión que premiaba el consumo de gaseosas, chocolates, galletitas y papas fritas.
Luego de la actividad, se les pidió que eligieran alguna comida, y entre las opciones figuraban los alimentos que aparecían en los juegos. Así descubrieron que los niños elegían los aperitivos que habían visto en la versión con la que habían jugado, ya fueran saludables o no. De esta manera, los videojuegos podrían utilizarse como una herramienta sencilla y económica para promover buenos hábitos alimenticios y combatir la obesidad infantil.

Si nos detenemos a pensar en la cantidad de cosas que hacen desde que nuestro niños se despiertan hasta que se acuestan, nos daremos cuenta que no paran. Por lo tanto, tenemos que cuidar muy especialmente que la alimentación de nuestros niños sea la adecuada para que puedan rendir mejor a lo largo del día.
Si se quedan a comer en la escuela, conviene que dispongamos de una copia de los menúes semanales con suficiente anticipación, de manera que podamos programar las cenas para que complementen sus comidas y lograr una alimentación saludable y balanceada. En su dieta deben alternarse legumbres, cereales, leche o derivados, carnes, huevos, pescado, pastas, frutas y verduras. Para que acepten algunos alimentos tendremos que improvisar preparaciones atractivas, pero tampoco es grave que se nieguen a comer algo que les resulta desagradable.
La mejor forma de empezar una jornada escolar en óptimas condiciones es con un buen desayuno. Su aprendizaje, su atención y su rendimiento en clase se verán disminuidos si están con el estómago vacío. El desayuno debe proporcionarles energía, ya que durante la mañana es cuando más esfuerzos realizan. Ante una negativa a desayunar correctamente, podemos implementar algunas de las siguientes ideas:
Deben levantarse con tiempo suficiente para lavarse y vestirse sin apuro. Un niño adormilado es difícil que tenga una buena disposición para desayunar. A base de insistir o enojarnos todo cuanto conseguiremos será que se trague un vaso de leche con cacao. Hay que hacer del desayuno una rutina más de casa, varias su composición y predicar con el ejemplo: que vean que todos los miembros de la familia desayunan con normalidad todas las mañanas.